Cuando los machos se machacan

Se me podria acusar de poco creativo, pero de verdad algunas veces me encuentro con que alguien ya ha escrito algo que yo habia pensado pero que nunca habia tenido tiempo de rumiar, o algo que me habia inquietado hasta el dia que me lo topo ya sea en el espacio cibernetico o real.
Aqui esta un aparte escrito por Manuel Jose Bermudez, a quien conoci hace mucho tiempo (cuando el tiempo no contaba) y con quien he compartido pedazos de vida y obra. Con Manuel siempre sucede que me quita las palabras de la boca, con la ventaja de que el es mucho mejor con la pluma que yo.
Aqui, sus pensamientos:
El luto del “chucuchucu” tambiĂ©n es de los maricas
En memoria de Rodolfo Aicardi fallecido el 24 de octubre de 2007
¡Eso es mĂşsica de maricas! ExpresĂł de mala gana uno de los adolescentes al lado de la tarima ante el sonido de la electrĂłnica. Minutos mas tarde, cuando el ritmo amplificado fueron algunos clásicos remozados de los hispanos -suelen ponerse de moda en el periodo previo y durante las fiestas de fin de año en MedellĂn-, al mismo chico y su grupo se les notĂł la tranquilidad: su imaginada heterosexualidad musical estarĂa a salvo el resto de la noche. Yo, que en los anteriores dĂas he venido acompañando el proyecto Espacio pĂşblico, noche y legalidad en la Comuna 4 de MedellĂn, al tiempo que cerciorándome de que ese remanso en los barrios populares que refieren las autoridades es una realidad evidente –aunque no se a que costo-, recordĂ© las muchas noches que en grupos iguales en el barrio y posteriormente sĂłlo en los llamados sitios de ambiente, esa mĂşsica posibilitĂł mis primeros romances homosexuales.
Bailar en mi barrio popular en el que aĂşn habito, era un ritual de convivencia con las vecindades. Bailábamos en las casas de los vecinos o en las esquinas en veladas comunitarias, hasta que los primeros tiroteos nos encerraron inicialmente en discotecas, y posteriormente en las casas sĂłlo con la familia. Nos movĂamos al ritmo del “chucuchucu”, un tipo de paseito que ha caracterizado a los paisas dado que por nuestra cultura machista es evidente que no sabemos bailar con todo el cuerpo, y que posibilita el roce de pieles, el blujeneo erotizante y salvador de pasiones, en esos momentos tortuosos de la juventud donde el sexo esta aĂşn por inventarse: “los paisas no bailamos pero sobamos muy rico”, decĂan en ese entonces en el barrio.
Los pelaos erotizados por la mĂşsica y ante la eminente protecciĂłn a las fĂ©minas, a quienes mandaban temprano a la cama, terminaban en roces de des-estrĂ©s, con nosotros sus compañeros “locas”, de los que nunca se hacĂan posteriores comentarios para posibilitar la convivencia en las vecindades y los grupos. Al dĂa siguiente Ă©ramos de nuevo parceros y amigos, sin ni siquiera mirarnos con algĂşn tipo de malicia, hasta que de nuevo el baile publico, a veces el licor, y los extremos de la noche posibilitaran los encuentros clandestinos que callarĂamos por siempre.
Pero luego en torno al placentero “chucuchucu”, fue descubrir que la ciudad albergaba a escondidas, sitios donde el roce era directamente con otros como yo, donde ya no tenĂa que imaginar, si no sentir el cuerpo que me erotizaba, y que además era de alguien que sin temores posteriores podĂa corresponderme, aunque fuera con un simple beso o una mirada de enamoramiento. Mis sentimientos, como se lo escuche decir muchas veces a mis amigos del barrio, toman sentido en las voces chillonas de Pastor LĂłpez, Rodolfo Aicardi y Gustavo Quintero, entre muchos otros, mientras con el otro cuerpo sĂłlo nos separaba la ropa. Bajar las escalas hacia ese sĂłtano denominado La Fonda, que luego tuvo que desaparecer para que se construyera la estaciĂłn Parque BerrĂo del Metro, y donde paradĂłjicamente queda hoy una estaciĂłn de policĂa, era descubrir que a pesar de todo existĂa una MedellĂn para que nosotros los maricas pudiĂ©ramos enamorarnos y soñar, vivir y bailar como el resto de nuestros vecinos.
Luego y de un momento a otro, tanto la ciudad como la mĂşsica se modernizaron, ¡menos mal! para algunas cosas. La mafia de Pablo volviĂł ciudad a la MedellĂn pueblo. Con Ănfulas de Miami o Nápoles chiquitos, se impuso la salsa romántica y el merengue, y para nosotros el trance, que no requiere el roce de cuerpos. Y aunque algunas discotecas insisten en mantener el “chucuchucu”, mezclado con electrĂłnica y porros. Las personas LGTB -Lesbianas, gays, bisexuales y trans-, ahora autodenominados “bien”, se identifican pĂşblicamente con la mĂşsica de la Trevi, de Thalia o de MĂłnica Naranjo.
Gracias al trabajo polĂtico ya no tenemos que escondernos ni esconder nuestras sensaciones, pero muchos del sector insisten en esconder su pasiĂłn por esta mĂşsica de nuestras identidades paisas, y aunque me los topo, en las muy pocas veces que salgo, mientras esperan la hora de la rumba “bien” o luego de esta, en sitios como La fuente, en el mismo entorno donde quedaba La Fonda, insisten en que el nuestro debe ser un modelo internacional.
De allĂ que termine por pensar que, de alguna manera, los pelaos del barrio tienen razĂłn, pues los mercaderes de lo gay han puesto al gueto -igual que sucede con algunos jĂłvenes afro y de otros sectores-, en un escenario de identidades prefabricadas con sĂmbolos de consumo musical que marcan, definen y mantienen ese deber ser en la perspectiva de mercado: eso soy, eso consumo; eso consumo, eso soy. Tendencias musicales que además se acompañan de estilos de vestido, de jergas, e incluso de marginaciĂłn y fobias, hacia gentes de su propio sector o de los otros.
November 12, 2007 | 9:11 AM
las tendencias van y vienen de una manera vertiginosa... pero esas modas que de repente aparecen quizas son las que nos dejan un recuerdo bonito.... (como quien ve sus fotos sesenteras y se rie de su propio afro)
ReplyDeleteGracias por el guiño en tu anterior post... hermoso!
un beso enorme desde mi lejana galaxia, donde tambien queremos ir a cine... pero no solitos...